Y cuando despertó el dinosaurio de humo aún estaba ahí

LA PERSISTENTE LLUVIA

Es media noche, duermes profundamente; entre sueños escuchas ladrar a los perros interminable, insistentemente. ¿Qué les pasa? ¿Por qué ladran tanto? ¿Algún vecino trasnochado? ¿Un desconocido que se aproxima?

Logras despertar por fin ante tanta insistencia. Te levantas, corres un poco las cortinas, los ladridos se tornan más agudos. Ante tu vista: un dinosaurio de humo gigantesco se esparce por el cielo. ¿¡Algo se quema!? ¿Qué es?

Mujeres y hombres caminan apresurados calle abajo; a la altura de mis ojos se internan en las sombras nocturnas para remitirse: a un incendio. Eso corroboro, cuando abro la ventana y veo a un muchacho trepado sobre el techo de su casa.

-¿Qué es lo que se quema? ¿Qué es lo que se quema?

-¡La escuela! ¡Mi papá se fue para allá!

Ahora los que empiezan a descender cuesta abajo son también niñ@s apresurados, amodorrad@s; alguno con el ombliguillo al aire poniéndose una playera.

-¡Córrele, se está quemando la escuela!

Como si con esa enunciación y con su presencia pudiesen apagar el fuego o darle aliento a las aulas que se consumen y a las bancas de metal que se retuercen y echan chispas enrojecidas que asustan.

Apenas un día antes habían iniciado las clases y algunos de los libros y cuadernos que ya los esperaban también se consumen.

Impresionante el humo que no cesa, impresionante el coro nocturno de perros avisando que algo peligroso acontece (así me despertaron).

El desaliento, el llanto en algunos rostros adultos y de l@s niñ@s, que no logran entender a ciencia cierta que se trata de una tristeza orgánica, filial, de pertenencia. En los adultos se mueven una serie de sentimientos: coraje, desconcierto, impunidad; cuestionamientos, comentarios y reflexiones: Se trata de un espacio cultural y educativo que debería estar resguardado contra la delincuencia y sus maneras violentas de mostrarse. Donde se rompe la armonía con que acuden expectantes niños y padres de familia a un día de iniciado el ciclo escolar.

Las aulas de cemento que se encuentran en un área más baja que el de los salones de “palitos”, aparentemente no sufrieron daño (sólo la sorpresa que una semana antes tuvieron al descubrir que les habían robado parte de sus objetos didácticos, entre ellos computadoras).

Al día siguiente: los padres de familia se manifiestan por la falta de seguridad frente a la Presidencia Municipal; la visita del secretario Estatal de Educación, y promesas de: barda perimetral, salones de cemento, cancha de basquetbol, para evitar más actos vandálicos.

Despiertas ya tarde y te preguntas: ¿Fue un sueño? Después de darte un baño y vestirte, te diriges calle abajo al lugar “que tal vez soñaste”.

Un carro de bomberos, padres y madres de familia; niñ@s pequeñ@s con uniforme. Mestr@s sacando cajas de libros que se salvaron… Y el dinosaurio de humo entre los hierros retorcidos de bancas y pupitres; en las cenizas que consumió el sueño de una noche de verano.

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