Turismo, linda tomadura de pelo

Ab origine

El turismo es un engaño y está claro que desenmascararlo así causará revuelo, incomodidad y hasta desencanto. La apariencia con que se nos ha presentado ha funcionado; pero el maquillaje, los implantes, los rellenos, las fajas y los artilugios que las personas usan a veces para resaltar sus “atributos”, algún día caen y la verdad aflora por cruda que sea. Cuando se trata de abordar un tema con seriedad, hay que atenerse a los argumentos, y no a los exabruptos, para soportar una teoría; no hay de otra. Se puede decir más alto, o más lindo, pero no más claro.

​Así, por más que se insista en el turismo como forma de desarrollo infalible, cuenta más la visión de los expertos para ayudar a descorrer el velo. Veamos por qué:

​Partamos de los siguientes supuestos: a) Por más que innegable el incremento en el índice de ocupación hotelera, uso de servicios públicos y transporte, con el aumento de la afluencia turística, también es verdad que ningún empleado de hoteles y restaurantes recibe un aumento salarial por ese motivo. (Si obtiene más propinas, eso es atribuible a su desempeño, no a su fuerza laboral). b) La generación de empleos no es un regalo que los trabajadores tendrían que agradecer a la empresa que los explota, sino una relación de intercambio: salario por fuerza de trabajo; una relación de intercambio donde quien gana será el empleador y no el empleado. El empleado se lleva un salario; la empresa, las ganancias.

​Pamela Nowicka, jefa de prensa de Tourism Concern, activista y colaboradora en movimientos por un turismo respetuoso, subraya cómo “hoy en día, el turismo está siendo cuestionado a partir de a quién debería beneficiar frente a quién beneficia” realmente. La invasión de multitudes a una ciudad o a una comunidad no representa, en automático, ingreso económico para los lugareños, sobre todo si no toda la población está en condiciones de ofrecer algún servicio. “Las personas son fundamentales para el turismo”, apunta la especialista, “pero el ‘visitado’ no merece menos, sino de hecho más, atención que el turista”.

​De esa manera el argumento de la generación de empleo que con tanta insistencia se subraya para justificar la inversión de quien sea, en lo que sea y con el origen que sea, se reduce a nada. (Una lucha como la de Francisco Toledo en contra de un Burger King en el centro histórico de Oaxaca no fue una ocurrencia, sino un acto de conciencia).

​En una comunidad, el ecoturismo puede parecer bienintencionado, pero tarde o temprano enfrentará las complejidades y dificultades que vienen aparejadas con la demanda de servicios básicos: dónde comer, dónde dormir, dónde defecar, etcétera. Poner a funcionar estos servicios parece simple, pero conlleva la remoción de estructuras locales de convivencia y la modificación de dinámicas de existencia. Un empresario exitoso, pero irresponsable, dirá: “¡Pues se modifican y ya!; ¡no pasa nada!” Sobran ejemplos de que sí pasa, de lo mucho que se altera y de cómo es lesivo para la estructura social comunitaria.
​Si sólo vemos nuestro entorno inmediato y aun así no nos conmueve la invasión, la contaminación, el desenfreno y la estridencia, donde la ceremonia de “día de muertos” es lo de menos para el “turista”, difícilmente podremos comprender cómo “la apertura de territorios que fueron propiedad de pueblos indígenas, agricultores y comunidades de pescadores, ha dado lugar al abandono forzoso, la migración y la pérdida de identidades culturales”. Ahí está la tomadura de pelo.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *