Manu Chao y el fútbol

Nacido en París, aunque de ascendencia española, de madre vasca y padre gallego, (sus padres debieron huir de España por la dictadura franquista) se forjó como músico callejero, sus primeros cantos los entonó en el metro de París. Se hizo rápidamente conocido por su lucha por la libertad y sus ideales políticos. Muchas de sus canciones hablan sobre el amor, la vida en los guetos, los desaparecidos, la inmigración y sobre todo el fútbol, la pasión de Manu Chao siempre fue el futbol.

Nunca escondió su amor por los colores blanquiazules del Deportivo de la Coruña. Un sentimiento que lleva muy dentro de él y presume cada vez que puede. Para él, el Depor es un equipo pionero del mestizaje futbolístico. “El fútbol es una fiesta en Riazor” llegó a confesar. Las más famosas de sus canciones de fútbol son dedicadas al astro Diego Maradona

Lo hemos visto con varias camisetas de fútbol, en muchas ocasiones con la de Independiente Santa Fe de Bogotá, es sabido para muchos que Manu vivió en la ciudad y se enamoró de ésta, tanto así que en 1992 alquilaron un barco con el que realizaron una gira por ciudades costeras de Brasil, Venezuela, México y Santo Domingo. Durante aquella experiencia, oyeron hablar de unas vías ferroviarias abandonadas en Colombia y ellos mismos repararon un tren para recorrerlas, actuando en pueblos de la selva donde nunca antes había llegado ninguna banda. La aventura, que relató el propio Ramón Chao en el libro Tren de fuego y hielo.

La idea del Expreso del hielo surgió de la Asociación Francesa de Acción Artística en 1992 y se pretendía que el tren recorrería todo el país con un espectáculo itinerante en el que con cada parada se invitaría a los artistas locales a unirse y presentar junto a La Mano Negra, los French Lovers y muchos otros artistas franceses su puesta en escena. Además de las presentaciones artísticas, el tren tenía un vagón que ardía en llamas y que cargaba un cubo de hielo de 10 toneladas; un cubo que llevaría a Aracataca.

El escultor Christian Mazat, quien siempre había tenido una fascinación por Cien años de soledad, decidió recrear el momento en el que Melquiades les da a conocer el hielo a los niños de Macondo: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Pero antes de llegar a la cuna del nobel cataquero, el Expreso debió pasar por Cienaga, la ciudad que contó la Masacre de las bananeras. Chao recuenta con detalle el día en que el General Cortés Vargas en complicidad con la United Fruit Company, abrió fuego en contra de los huelguistas hasta dejar un saldo “de cuarenta muertos, según la policía, y de cinco mil, según organizadores de la huelga”. Al dejar atrás la tragedia, los tripulantes del expreso llegaron a Aractaca, “la ciudad mundial de la literatura”. Es allí donde se cumplió el sueño de hacer realidad la fantasía. Ese día Aractaca conoció el hielo al interior de un gran vagón en llamas.

El relato de Chao sobre su estadía en Aracataca, más que hacer un recuento del espectáculo, presenta una cultura costeña que entre picardías, bullicios y vallenato ha logrado tapar una historia llena de violencia y dolor. Nos cuenta la historia de Pacho Rada, el Pontífice, que tras ser arrestado sacó su acordeón y cantó su historia. La canción se volvió tan famosa que el pueblo exigió que lo liberaran e incluso hizo que su perseguidor se tuviera que ir de la ciudad: “Es por eso que, desde entonces, ningún cantante del Magdalena es llevado a prisión con su instrumento, que es a la vez un salvoconducto y una llave de oro”.

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