Las mujeres de Acteal fueron vejadas después de muertas: testigo

Emma Martínez / Revolucion3.0

La saña con las que víctimas de la masacre de Acteal perecieron, de acuerdo con testigos fue terrible y traumática. En numerosas entrevistas con víctimas y personal de acompañamiento o testigos clave, resaltó la agresión a las mujeres, especialmente a las embarazadas y sus lesiones en el vientre, “como una expresión extrema del horror, generando a la vez rumores sobre la agresión a los fetos en avanzado estado de gestación y que incluso eran viables si hubieran nacido en esas fechas”.

Lo anterior es denunciado en un documento que contiene un análisis psicosocial de la masacre de Acteal, en poder de Revolución3.0, el cual da cuenta de una serie de hechos, testimonios y datos que fueron desconocidos por más de dos décadas.

A su vez, se señala que la violencia contra las mujeres embarazadas, en lesiones de proximidad con machete, son la expresión última del objetivo de la masacre, y su componente simbólico un ataque contra el mismo sentir de la vida de las mujeres, las comunidades indígenas y las nuevas generaciones.

El relato de algunos sobrevivientes muestra este impacto simbólico del terror.:

“Encontraron cuatro mujeres así embarazadas, no he podido saber bien qué significa eso que lo sacaron así, que lo destriparon”, dijo el sobreviviente Diego Pérez Jiménez.

En la región de Los Altos como en la zona Norte de Chiapas, las muertes y desapariciones de mujeres, se perpetraron con violencia masiva. Ahí las mujeres suponen el 75 por ciento de las víctimas, de la masacre de Acteal, el 22 de diciembre de 1997.

De acuerdo con la antropóloga, Aída Hernández Castillo, “lo que sucedió en la masacre de Acteal fue una forma de violencia que utilizó los cuerpos de las mujeres como símbolos en mensajes de esa guerra de baja intensidad.

La masacre de Acteal, en relación a todo un movimiento de mujeres indígenas organizadas y el papel que las mujeres tenían en la resistencia, lleva a ver que no era casual que los cuerpos de ellas fueran un símbolo”.

La carga de violencia, se señala no se había dado hasta entonces en ningún caso, tanto por el ataque a las mujeres, como la violencia contra las mujeres embarazadas y el número de mujeres y niñas asesinadas.

Además de la muerte cruenta, el modo en cómo aparecieron algunos cuerpos de mujeres y el trato recibido supone violencia sexual invisibilizada como parte de la inacción del gobierno y las autoridades responsables de investigar .

Una sobreviviente que vio a una mujer y refiere que la víctima pudo ser abierta “en canal”, con un arma punzo cortante. “Pues yo creo que el haber visto así abierta, así pues toda desnuda, si todo eso yo creo que es un acto de violencia de quienes lo hicieron, no sé si así les dijeron que lo hicieran.

Pero la cosa es tal vez de decir: ‘bueno que se les quede clavado, que tengan esa imagen de ver y descubrir qué es lo que hay en el cuerpo de una mujer, como de pues así lo vamos a destazar como un pollo, lo vamos a abrir como un pollo, de tratar como animales’, y no sé por qué”, cuestionó Martina Díaz Pérez.

Eran aproximadamente 300 personas las que se encontraban reunidas, durante un acto de oración, cuando en medio de la acción religiosa les dispararon a sangre fría. Niños, hombres, mujeres, incluso embarazadas murieron. Algunos al instante con los disparos.  Pero otros más padecieron aún más violencia.

Las víctimas, pertenecían al grupo de Las Abejas, quienes no pertenecían al EZLN, pero que apoyaban (pacíficamente) el cese de las violentas agresiones por parte del PRI (el partido en el poder).

Los ataques violentos en contra de Acteal se habían intensificado por parte de grupos paramilitares, conformados por priistas en meses anteriores y aunque de los ataques armados estaba enterado hasta el mismo secretario de gobernación, Emilio Chuayffet, esto no influyó en evitar la masacre que dejó más de 40 personas asesinadas.

En aquel hecho el papel de las mujeres habría cobrado suma relevancia. Ellas también participaron en la petición de diálogo y protección de las comunidades, así como la erradicación de la violencia y el fuego, que había dejado a miles con sus viviendas incendiadas y desplazados forzadamente.

“Esta vivencia de terror por las imágenes vividas, las heridas producidas en los sobrevivientes, el riesgo inminente de muerte mantenido durante mucho tiempo, el cerco e imposibilidad de escapar durante horas, y la falta de protección de las autoridades supuso para ellas un enorme impacto psicológico que ha tenido consecuencias hasta la actualidad”, señala la investigación realizada por el Doctor Carlos Martín Beristain, quien formó parte del Grupo de Expertos Interdisciplinarios Independientes (GIEI), que se dedicaron a investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

El documento indica que las mujeres fueron las que menos pudieron huir, al cuidado de los hijos y con menor destreza física y fuerza para el escape”. Según algunos sobrevivientes esa es la razón por la que la mayor parte de las víctimas fueron mujeres, niñas y niños.

De acuerdo con Acteal: Resistencia, verdad y memoria, una de las pruebas que se presentan, la cual está firmada por la comisión de agentes del Ministerio Público, asistidos por la Doctora Norma Guerrero Tzongua, médico legista y forense de los Servicios Periciales, así como del perito técnico forense Juan Martinevaquerizo Torres, señala que, los cuerpos de las víctimas se encontraban todos juntas, “lo que muestra que habían sido (las mujeres) manipuladas después de muertas, pero no se hace ningún análisis sobre ello, ni sobre las pruebas que se debían encontrar en la zona o las causas de los hechos.

En dicho informe se refiere que los cuerpos estaban amontonados, y varias mujeres aparecen sin ropa (cadáveres 03, 04 y 08, de 17, 25 y 35 años respectivamente) y en dos de ellas se señalan lesiones de equimosis, es decir lesiones en la piel realizadas por mecanismo de golpe o presión, en ambas piernas de los cadáveres 34 y 36, ambos femeninos adultos jóvenes”.

Sin embargo, no se dio explicación de dicho hecho, tampoco de quién y cuándo desnudó los cuerpos y si las mujeres fueron además víctimas de violencia sexual lo que no se investigó, ni se encuentra en las autopsias ningún análisis de dichas circunstancias. Sin embargo en algunos relatos de sobrevivientes se describe cómo los cuerpos de mujeres fueron vejados después de muertas.

Debido a los rumores de ataques y violencia, muchos de los hombres desplazados en el campamento de Acteal habían salido de ahí, creyendo que los paramilitares no atacarían a las mujeres y a los niños.

“Sin embargo la reacción de los paramilitares fue contraria: las mujeres fueron incluso vejadas después de muertas”, denunció el sobreviviente, Alberto Ruiz Pérez. Quien narra:

“Cuando murieron las mujeres, un hombre les quitó su nagua, su ropa y lo echaron palo en su nalga a las mujeres”.

Poco antes de amanecer, en lugar de quedarse para hacer dichas investigaciones, todo el personal de Seguridad Pública y del Ministerio Público y forense se retiraron de la zona sin dejar policías para la protección.

Un elemento que evidenciaba la nula importancia que el Estado tenía hacia la vida de estas comunidades, esto aunado a que de acuerdo con testimonios de las víctimas entrevistadas, “el ayuno y vigilia de oración en la que se encontraba la gente de Acteal estaba precisamente motivado por la demanda de paz y la ruptura de la negociación entre grupos zapatistas y priístas que se había producido pocos días antes. La masacre fue llevada a cabo por un grupo organizado que atacó a la concentración de la gente en la ermita mientras se encontraba orando, precisamente cuando la oración era su forma de respuesta a la violencia” y una forma de “protección” al hacer manifiesta su opción y la legitimidad de la misma. Pensando que esta acción detendría a los agresores.

Los relatos de los sobrevivientes muestran la actuación del grupo paramilitar llegando por cuatro puntos cardinales diferentes, contra una comunidad de unas 300 personas muchas de las cuales se encontraban en la zona de la ermita y aledaños en actitud de oración.

Tanto la reunión previa la noche anterior por parte de los perpetradores, como el conocimiento de que Acteal se encontraba en oración, como la organización del ataque sin posibilidad de huida de las víctimas, muestran el nivel de premeditación y estrategia militar de la acción, señala el documento.

Las descripciones de los sobrevivientes recogidas en las entrevistas muestran que la masacre se dio como un ataque generalizado, con grupos de hombres armados  entrando por varios puntos a la comunidad de forma coordinada para sitiar o encerrar a la comunidad.

El lunes 22 de diciembre de 1997, el grupo que se encontraban reunidos en la ermita de Acteal fueron atacados por hombres armados con cuchillos, machetes y armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, recuerda el sobreviviente Alberto Ruiz y narra que, “entraron debajo de la Iglesia, frente a la comunidad de Quextic, otros en la carretera, al lado derecho de la Iglesia y arriba de la Iglesia y por debajo de la escuela, en total entraron 4 grupos”.

Tres de cada cuatro víctimas fueron mujeres, y casi la mitad del total de víctimas fueron niñas y niños. El número de personas muertas es de 45. Es decir, 18 mujeres adultas, cuatro de ellas con embarazos de entre 5 y 8 meses de gestación, 7 hombres adultos, 16 mujeres adolescentes o niñas de entre los 17 años y 8 meses de edad, más 4 niños entre los 15 y 2 años.

El número de familias directamente afectadas con la muerte de entre uno y 7 miembros (que aumenta hasta 19 en un solo grupo familiar por parentescos como tíos/as, sobrinos/as entre los sobrevivientes) es de 20.

De dichas familias quedaron 78 personas vivas, de las cuales 48 son menores y de estos 35 pierden a su madre, padre o ambos. Sobrevivieron al ataque 26 heridos, en su mayoría menores, 16 de los cuales fueron hospitalizados con heridas graves, que ponían en peligro la vida, que han dejado lesiones permanentes como dolores, cicatrices y afectando la función de órganos o extremidades.

Por el tipo de víctimas (la mayoría mujeres y niñas y niños) como por el modus operandi de los autores, “el ataque se dirigió a acabar con todo el grupo de Las Abejas que se encontraba en el campamento de desplazados de la comunidad.

Las personas heridas sobrevivientes no fueron dejadas intencionalmente con vida, sino que sobrevivieron al permanecer escondidas entre la maleza o las rocas en medio del territorio de la masacre durante varias horas. Otras personas heridas murieron desangradas porque durante el tiempo en que se produjo la masacre no contaron asistencia”, según los resultados de las necropsias y tal y como señala el informe de la CNDH.

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