La dinámica privatizadora de la educación superior

Entre los falsos mitos educativos de nuestro tiempo está el derivado del dilema entre lo público y lo privado: ¿qué es mejor para nuestros hijos clase media baja/obreros de salario promedio-, una escuela patito privada o una escuela pública?

Tragándonos la idea de que lo privado es mejor, la opción o la tendencia será una escuela patito, que promete terminar los estudios en menor tiempo y sin invertir en procesos de titulación, cuando se trata de estudios superiores.

Esto encuentra su fortaleza ideológica en el principio naturalista, social darwiniano, de que los pobres quieren ser/vivir/aparentar que son ricos. Esto se vuelve terreno fértil en manos de los medios de información y de expertos en mercadotecnia y publicidad, al servicio de los mercados de consumo bienes y servicios, en donde se ubica actualmente a la educación y el quehacer político.

Así, el uso impositivo de la información “autorizada” prácticamente obliga a creer que lo dicho por funcionarios y especialistas es en sí mismo un principio de autoridad. Sin embargo, es también un hecho que vivimos rodeados de noticias falsas y que la autoridad administrativa suele ser la más alejada de la autoridad científica y moral.

Quien dude del rumbo que sigue la educación en México, tiene que tomar en consideración los siguientes puntos:

– Mientras la escuelas púbicas son abandonadas a su suerte, y de los jefes de familia, sobre todo en el caso de la educación básica; las escuelas privadas se multiplican como maleza en tierra fértil pero intencionalmente descuidada. En ese tenor, acudiendo a las estadísticas de Inegi y de la misma SEP, podemos observar que las instituciones de educación superior (IES) privadas han crecido tanto que en los últimos quince años pasaron de tener una cobertura aproximada del 20 por ciento a 48 por ciento en la actualidad. Para reforzar esta tendencia, en este mes que termina se firmó y se ha publicado el “ACUERDO No. 17/11/17 por el que se establecen (modifican y actualizan) los trámites y procedimientos relacionados con el reconocimiento de validez oficial de los estudios de tipo superior” (REVOE) de instituciones particulares de educación superior.

– En acuerdo con la Federación de Instituciones Mexicanas Privadas de Educación Superior (FIMPES), la SEP le delegó la facultad de evaluar, controlar la calidad de la educación y prácticamente autorizar la creación de nuevas instituciones educativas, en donde el REVOE se convierte en un trámite sin obstáculos para la creación de estas empresas de servicios. Un dato interesante: en el gobierno de Vicente Fox, la FIMPES determinó regular la existencia de las escuelas patito, pues las consideraban una competencia desleal para las IES privadas de prestigio; con la llegada de Peña Nieto, en el marco de la mal llamada reforma educativa, y la apertura desafora del mercado educativo, las autoridades de la misma FIMPES declararon que las escuelas patito eran un mal necesario para absorber la mayoría de los rechazados de las IES públicas. En Morelia, por poner un ejemplo, como seguramente pasará en muchos lados, una escuela patito privada que hace un año ofrecía únicamente terminar la preparatoria en dos años o menos, hoy oferta ¡Posgrados en Calidad Educativa!

– ¿Cuándo comprenderemos que abrir la generación de conocimiento a la globalización no implica necesariamente violar arbitrariamente los principios constitucionales, mucho menos violentar los derechos humanos y la vocación de servicio del Estado, mediante la privatización desbocada?

Finalmente, las IES públicas siguen siendo las principales productoras de investigación científicas y tecnológica; aunque a las IES privadas, en los últimos años se les ha inyectado todo tipo de dinero del erario federal, que ahora se le niega a las públicas, no son sino parasitarias empresas cuya esterilidad científica es manifiesta.

Negar el valor agregado de la investigación en las IES públicas no hace sino evidenciar la ceguera y el rencor con que actúan los funcionarios de gobierno que se han formado académicamente (aunque sea evidente también su nula formación humanística e intelectual) en las IES privadas y extranjeras.

Es claro que la tendencia tecnocrática se ha convertido en una especie de Síndrome de Estocolmo entre los grupusculos de poder mexicanos, a los que bajo ninguna circunstancia se les puede llamar “clase política”: su falta de principios morales los vuelve más bien en una subespecie de descastados que se venden al mejor postor en el mercado político-especulativo internacional, negando su propia historia mientras se someten a los dictados del imperio financiero especulativo internacional.

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