Día de muertos: Décadas de de asesinatos, desaparecidos y represión institucional

A veces tenemos que hacer un alto en nuestro camino para contemplar el panorama que nos rodea. Solamente así podemos tratar de diferenciar entre la realidad de nuestra experiencia  y lo dicho por otros sobre esa misma realidad.  ¿Cuál es el panorama que veo? Veo que a unos países los consume el fuego, a otros el  agua, a otros la tierra los vulnera y todos padecemos el aire enrarecido por los otros elementos naturales o aquellos derivados de las nefastas practicas sociales: explotación irracional  de los recursos  naturales, corrupción institucional, guerras, violencia contra los grupos vulnerados y vulnerables por la pobreza, la manipulación partidista  de sus derechos ciudadanos, la marginación social y la sobrevivencia como única perspectiva de futuro.

Pero no, esta no es una visión apocalíptica de nuestra realidad;  es la realidad en sí, y de ella podemos derivar un mar de interpretaciones, dependiendo de nuestros intereses, condiciones de vida, referentes culturales  o formas simbólicas de procesar las narrativas políticas multimedia.

En todo caso,  tenemos como una certeza  que nuestro tiempo institucional está  marcado por la renuncia al diálogo y al razonamiento cívico,  para dar paso a la convivencia violenta y a la demagogia democrática.  Con esto se cierra cualquier posibilidad de pensamiento crítico y nos aproximamos al abismo de  la muerte simbólica, como preambulo de lo que nos espera al final de nuestra época.

El caribe oliendo a tragedia  marina, California quemando su riqueza a los pies del infausto Donald Trump, Europa con el  aire enrarecido  por el renacer de peligroas ideologías racistas y con la guerra de sus dioses en plena calle; ese es nuestro siglo veintiuno.

Por otro lado, hablando de  cosas más mundanas, en nuestro país, estabilizado social y económicamente a punta de corrupción y a partir del control corporativo de los partidos políticos y del sindicalismo fragmentado, hemos asumido que la garantía en la seguridad laboral solamente es posible cuando el trabajador se identifica plenamente con su empleador (una de las formas silenciosas del Sindrome de Estocolmo) y, sometido al silencio, acata las condiciones laborales que se le imponen, lo cual se ve reforzado con los altos índices de desempleo en el sector servicios y la selectividad cuando se trata del manejo de tecnología en la industria y las telecomunicaciones. En este último sector la creatividad y la innovación son importantes para más y mejores ingresos, bajo la condición de que se entienda que, cuando el empleado innova, lo hace a nombre de la empresa y, tratándose de inventos y patentes, a ella corresponden exclusivamente los derechos de explotación y, por tanto, la apropiación plena del producto del trabajo de los empleados.

Mientras la economía global excluye a grandes sectores sociales de los beneficios sociales, como un mecanismo de autodefensa, en los sectores más vulnerables se producen acciones y reacciones de rechazo a la tecnologización del trabajo esclavizante y la alteración quimica de los suelos, así como de rechazo a aquellos que la defienden: monsanto y su industria de lamuerte bioquímica;  la fragmentación corrosiva dellas rocas delsubsuelo con el único fin de extraer gas y nuevas tragedias atribuibles a la naturaleza, etc., etc.

Paradójicamente esta violencia acumulada a partir de la sobreexplotación de la naturaleza y de la concentración de la riqueza mundial que trae consigo procesos migratorios desenfrenados, así como el desarraigo cultural y el sentimiento de indefensión de los más pobres de los países receptores  de migrantes, puede llegar a convertirse en condición propicia para el surgimiento de los nacionalismos, tanto de los grupos ultraconservadores, como de aquellos que se oponen a la entrega del país a las empresas trasnacionales.

No es porque noviembre esté cerca; no es poque el día de muertos sea en nuestra intimidad como el día nacional por excelencia. No, es porque los feminicidios cada día son más recurrentes; porque los jóvenes estudiantes tienen que salir a la calle y “dialogar” con policías y paramilitares sobre temas de educación pública; esporque se pretende ocultar la pobreza con caridad gubernamental mientras los políticos se roban todo lo que  pueden y hasta lo que no y luego se amparan bajo el  argumento de que alguien mál  intensionado los quiere perjudicar.

En la muerte social,  como en la pobreza, no hay debido proceso.

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