Croacia 3, Argentina 0: No esperes nunca una ayuda, una mano, un favor

Al terminar Croacia su juego de debut frente a Nigeria, bien podría decirse que llevaba sobre la espalda un partido menos que las restantes 23 selecciones participantes en Rusia 2018. A tal punto sencillo el trámite, a tal punto mínima la exigencia, a tal punto magro el desgaste en todos los sentidos. Menos que encuentro amistoso, la jornada inaugural tuvo para los croatas la demanda propia de un entrenamiento.

Hoy, tras la campal batalla librada contra los argentinos en Niznhy Novgorod, de principio a fin con la emoción a tope, puede aseverarse que Croacia lleva encima dos partidos más que el resto de quienes completaron ya su segunda jornada; y es que, sin exageraciones, el juego de hoy valió para ellos por tres, demandó de ellos lo de tres, exigió de ellos lo de tres.

La buena noticia para los balcánicos es que, más allá del cansancio y del descubrimiento de alguna posible lesión entre sus filas (ambos contendientes se pegaron hasta hartarse durante los 90 minutos) han salido de la contienda fortalecidos en una proporción que su manifiesta superioridad sobre Nigeria jamás les hubiera otorgado, aunque le marcaran diez goles. Hoy Croacia se ha confirmado desde todos los puntos de vista como un serio contendiente por el título, como el auténtico caballo negro que se aseveró sería en otras ediciones mundialistas, donde a final de cuentas terminó casi siempre defraudando.

Para que ello ocurriera, para que hoy el mundo asistiera a un choque que a todos los propósitos y desde todos los ángulos tuvo la catadura propia de las culminantes instancias de eliminación directa, fue indispensable que enfrente estuviera Argentina con su drama, con el angustioso libreto que dispuso su imprevisto empate inaugural contra Islandia. Argentina y su canción que parece ya no tango gardeliano, sino plañidera balada de Leonardo Favio.

El tango y su genuina tragedia son todos de Messi, arrullado por Enrique Santos Discépolo:”Verás que todo es mentira, verás que nada es amor…”.

A lo largo de la historia, Argentina ha tenido siempre entre sus filas grandes guardametas, elegantes zagueros, talentosos mediocampistas, delanteros implacables. Cuando algo de ello escaseaba, nunca era en más de dos líneas; y su falta se suplía y disimulaba con eficacia mediante un sólido carácter malevo y pendenciero.

Por insólito que parezca, Argentina en este momento tiene a Messi y poco más. Y cada entrenador del ciclo que hoy amaga rematar naufragio, ha parecido empecinado en inhabilitar por completo tanto a Messi como a ese poco más. Y apostrofa Discépolo: “Aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favor”.

 Hoy la pendencia maleva ya no alcanzó para apuntalar o maquillar siquiera ni las carencias ni los autosabotajes.

La albiceleste saltó a la cancha con el entendimiento de todo aquello que en términos de calidad futbolística no tiene como equipo. Aceptó durante los primeros minutos la invitación de jugar a lo Croacia, tratando bien el balón, privilegiando un juego de ida y vuelta con alternativas claras en ambos marcos; pero a los veinte minutos, visto que ello no le había permitido irse arriba, y que continuar por semejante derrotero acabaría por exhibir su inferioridad técnica, individual y táctica, respecto del talentoso y trabajado cuadro que tenía enfrente, modificó por completo la tesitura. A partir de ahí, el partido se jugó a lo Argentina (a lo que esta Argentina puede y es). El problema es que también en ese estilo y en ese terreno Croacia terminó resultando superior.

Podrá argumentarse que, hasta antes de la pifia de Caballero, el partido estaba parejo, y cualquiera podría haberse ido arriba. Ambos habían tenido opciones, ambos habían convertido cada porción del campo en feroz zona de contienda cuerpo a cuerpo, ambos habían arriesgado de más al intentar salir tocando desde el fondo. Pero el error de Caballero no fue una causa, sino una consecuencia. Aunque en algún momento Croacia haya corrido alarmantes e innecesarios riesgos en la salida, lo cierto es que tanto su portero como sus defensores estaban capacitados para jugar así, para convertir el recurso en una norma elegida. Así lo prueba la cantidad de veces que Subasic, haciendo gala de absoluta solvencia, controló con los pies un balón retrasado y desahogó por la banda con Vrsaljko. Cada oportunidad que la misma escena se repetía entre Caballero y Mercado, la afición pampera tenía que sentir que el apéndice se le subía a la garganta; porque ninguno de ambos está capacitado para ello, y si podían apelar al recurso como ocasional opción de emergencia, imponérselos como una de sus tareas base era invitarlos al error. Y el error llegó. Exactamente por ahí. Y Argentina se vino abajo.

Porque cuando quiso responder, supliendo a través de temperamento, enjundia y corazón todo lo que le faltaba, Croacia le opuso un temperamento, una enjundia y un corazón superiores a los suyos; con el agravante de que seguía disponiendo además a plenitud de todo lo otro que esta Argentina no tiene. Croacia era, sí, la feroz entereza guerrera de Mandzukic y Rebic, pero también la serena claridad de Rakitic, el toque y la visión privilegiados de Modric.

En una de esas pensó Argentina que, con la ventaja, los croatas se comportarían como equipo chico, se tirarían atrás, le brindarían algún chance para la heroica visceral sobre la hora. Pero Croacia se comportó como equipo grande. A cinco minutos del final seguía saliendo a presionar la salida albiceleste hasta tres cuartos de cancha, disputaba cada dividida como si le fuera en ello el destino, arremetía en busca del siguiente gol. El 3-0 refleja con absoluta objetividad no sólo el trámite del encuentro, sino la distancia existente en este momento entre ambas selecciones.

¿Qué sí tiene Argentina que Croacia no tiene? A Messi. Pero hace tiempo que a Argentina Messi parece más bien incomodarle, estorbarle, lo mismo dentro de la cancha que fuera de ella. El futbol argentino no le perdona a Lio el pecado de que no sea Maradona, en grotesco disimulo del verdadero pecado: lo lejos que está el futbol argentino de aquel tiempo en que fue capaz de posibilitar cómplice la gloria mundialista de Maradona. Que no desesperen, ni el primitivo nacionalismo, ni la hinchada linchadora, ni el periodismo rapaz: están a punto de perder a Messi para siempre; bien merecido se lo tienen.

Mientras tanto, ilusiona volver a ver, ya en octavos de final, a este poderoso equipo croata. Esta afinada orquesta a la cual no le estorba ninguno de sus virtuosos solistas.

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